La pintura recuerda los escorzos contrastantes manejados por Mario Orozco Rivero. La figura central es un águila que se yergue arquitectónicamente sobre una pirámide prehispánica. Es de notarse, al lado derecho, un tórculo de imprimir y un yaciente hombre de acero. A la izquierda una dramática figura femenina engendra unos niños que acaban esta historia bajo un árbol orlado por el arcoiris. Este arreglo plástico cierra con un desfile de niñas y niños que parecen marchar. Los muchachos portan cascos.
Pablo Platas, pintor y escultor, discípulo del Taller de la Universidad Veracruzana, como Cano, realiza sus tallas en madera y sus pinturas bajo una reiterada perspectiva en torno a los problemas de la infancia. Su humanismo lo lleva a una preocupación constante por los daños que los seres humanos infligen a la naturaleza.