Una característica del autor es su interés en la presentación mínima y simbólica de entidades abstractas con un primitivismo cercano a las pinturas rupestres. Esta obra hace referencia a diferentes cualidades de lo femenino: la madre, la protectora y la dadora de vida.
Sebastián Sántiz, nació en Oxchuc, municipio indígena que se encuentra a 48 km de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. En Tuxtla Gutiérrez, exactamente en el taller de escultura del japonés Mazafumi trabajó con la piedra, la madera y la pintura, materiales a los cuales trasladó sus interpretaciones abstractas de su cultura tseltal. Fue director de la Casa de la Cultura de Oxchuc. Igualmente, señaló que en la obra del artista se reflejan problemáticas sociales y hechos cotidianos. El artista buscaba realizar una recuperación de sus tradiciones mediante el arte, lo que lo llevó a derribar brechas sociales en el ámbito del arte contemporáneo.