El mural representa un dramático panorama donde enormes ductos desembocan aguas residuales sobre los ríos, envenenando peces y aves. Destaca un grupo de niños portando máscaras antigases por la polución ambiental. Se hace una crítica a la indiscriminada tala de árboles.
Pablo Platas, pintor y escultor, discípulo del Taller de la Universidad Veracruzana, como Cano, realiza sus tallas en madera y sus pinturas bajo una reiterada perspectiva en torno a los problemas de la infancia. Su humanismo lo lleva a una preocupación constante por los daños que los seres humanos inflingen a la naturaleza.